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Sobre salmones y artes gráficas

A veces me siento como un salmón, sí sí, como un salmón. Estoy nadando en el mar del diseño gráfico cuando, sin previo aviso, un impulso me hace ir hacia tierra y me acabo metiendo contra corriente en uno de los ríos de la ilustración. ¿Qué bien no? Ser un salmón me permite nadar en agua dulce y salada, pero no me asegura la supervivencia en ambos mundos.

Los salmones nacen en agua dulce, viven en el mar y vuelven al río para reproducirse y desovar, esa habilidad de moverse por ambas aguas sin morir la tienen muy pocos animales. Las personas que somos capaces de diseñar e ilustrar a la vez no somos tan escasas como esos peces, pero sí que tenemos la habilidad de adaptarnos al entorno en el que nos movemos.

Siempre he visto la vida como algo ambivalente. Como si nos encontrásemos en la desembocadura de un río, siempre tenemos dos opciones a elegir.

Entre agua dulce y salada

Durante mi formación de diseñadora gráfica aprendí que los elementos gráficos tienen que solventar una necesidad, mediante composición, colores, formas y jerarquías tienes que contar un mensaje de la manera más clara y accesible posible. Si no es funcional, no es un buen diseño. A mi parte más pragmática le encanta esa lógica, me llena de calma el que todo tenga un motivo, una utilidad, un lugar, y que se cumpla la función para la que fue creado a la perfección.

Lo que pasa es que siempre he visto la vida como algo ambivalente. Como si nos encontrásemos en la desembocadura de un río, siempre tenemos dos opciones a elegir.

No considero la ilustración como lo contrario al diseño gráfico, de hecho me gusta verlos como algo complementario y un poco opuesto a la vez. La ilustración para mí es mucho más libre que el diseño, puedes tener un mensaje y una finalidad, contarlo de la manera más rebuscada posible, dando prioridad a lo estético y no a lo funcional y sin embargo tener una ilustración de lo más exitosa. Es curioso, porque juegas con las mismas herramientas: color, composición, jerarquía, forma… y sin embargo el agua en el que nadas tiene composiciones muy distintas.

El pez que mucho abarca…

El que pueda nadar en el mar no evitará que un tiburón me coma, y si decido subir río arriba tampoco podré prevenir el que un oso me espere al final de una cascada con la boca abierta.

Lo mismo pasa cuando eres diseñador e ilustrador, saber de ambas profesiones no te hace ser el mejor en ninguna, y si no tienes cuidado, puedes enfocar de manera equivocada proyectos y llevarlos a la ruina. Ya lo dice el refranero común: el que mucho abarca poco aprieta, y eso te puede pasar cuando tienes formación en campos variados. No todos somos Leonardo Da Vinci, tener una mente tan privilegiada que te permite ser el mejor en todo lo que tocas está al alcance solo de unos pocos.

El salmón que elige para sobrevivir

Cuando el agua se pone muy brava puedo hacer dos cosas, intentar sobrevivir o ir por la corriente a un ambiente más calmado. Para elegir bien tengo que tener muy claro dos cosas, mis energías y mi estado actual, hay veces que tengo fuerza y puedo sobrevivir contra cualquier cosa y hay veces que no.

Ya sea escapar al mar o al río, usar el diseño o la ilustración para vivir son dos opciones distintas y puedes usar una u otra según el momento, el lugar, el proyecto o el mercado. Si estás en la desembocadura del río y ves aguas turbulentas de un lado, simplemente nada hacia el otro ¡O no! quién sabe, tal vez te interese medirte con esas aguas turbulentas y salir más fuerte.

La verdad es que ser un salmón no está mal; me encanta tanto la gran inmensidad del mar como el río que corre a través de montañas y bosques. Es cierto que tienes el doble de peligros y acabar como pescado ahumado en un paquete de supermercado no es muy apetecible, pero sin duda la libertad de elegir y de conocer dos mundos es algo valioso y enriquecedor

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