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Cómo (no) matar a un diseñador

Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos asesinado a un diseñador. Sí, incluso yo lo he hecho en el pasado, y sí, suena algo fuerte, pero tranquilos, es muy parecido a un homicidio involuntario: no es algo que planees… aunque termine ocurriendo. A veces es tan fácil como pedir un logotipo “editable en word”, o lo típico de escribir un archivo entero en Comic Sans

Estas situaciones se repiten en el día a día de cualquier trabajador artístico y muchas veces se habla de “educar al cliente” como la solución, explicarle tu proceso de trabajo para que vea cómo es y pueda confiar en ti. Yo creo que eso es solo la mitad del camino, está bien enseñarle al cliente a no disparar con balas del calibre 45, pero nosotros deberíamos de aprender a ponernos una protección, ya que aún con una munición inofensiva, pueden darte en un ojo y dejarte ciego.

El asesinato más común

Aquí se podría hablar de muchas cosas que todos los diseñadores sufrimos, que si la Comic Sans, logotipos y textos absurdamente grandes, paletas de colores sin sentido, Suite Office, horror vacui… todas estas cosas, que parecen muy distintas entre ellas, vienen de un mismo origen: la falta de confianza

El no confiar en el conocimiento del diseñador en su propio ámbito es el arma más común para cometer el homicidio, puedes recelar con su uso de las jerarquías en un cartel, la elección de colores o la tipografía, pero sólo estarías cambiando un arma por otra.

Soy de las personas que opinan que la confianza se gana, por eso cuando voy a adquirir un producto o solicitar un servicio investigo un poco antes sobre el mismo: ¿Esta agencia podrá ayudarme en lo que necesito? ¿Se podrá adaptar este ilustrador a lo que busco? Es tan fácil como preguntar opiniones a conocidos, ver comentarios en internet o curiosear sobre los proyectos realizados anteriormente. Si te haces una idea de cómo trabaja la persona, y te gusta lo que ves, prueba a cederle algo de tu confianza. No solo te lo agradecerá, sino que el trabajo saldrá mejor de lo que piensas.

Resiliencia, nuestro chaleco antibalas 

Ganarse esa fe por parte del cliente está muy bien, ya hemos cambiado su munición por balas de fogueo, pero eso no significa que estemos a salvo. Todo diseñador, ilustrador o cualquiera que trabaje en un ámbito artístico debería desarrollar su resiliencia

La resiliencia es tu chaleco antibalas, la protección anti-kryptonita, la habilidad para superar situaciones adversas con los mejores resultados posibles, es decir, tu capacidad de adaptación.

Seguro que alguna vez te ha pasado algo como esto: un cliente aparece con una idea muy fija, trabajas 15, 20, 30 horas en ese proyecto y a la hora de presentarlo te dice: ”Oye mira, que mi cuñado y yo hemos decidido cambiarlo todo” ¿Qué piensas en ese momento? Pues en matar al cuñado y, obviamente, de la manera más cruel, horripilante y dolorosa posible. Pero después de ese asesinato mental, lo mejor que puedes hacer es recuperarte y reflexionar: Bueno, podré aprovechar esto y esto de lo que ya tengo hecho, ahora conozco mejor al cliente, sé que cambia de opinión con facilidad, así que puedo trabajar con elementos poco cerrados para poder ir adaptándome a lo que se le vaya ocurriendo… etc.

Como dicen los Monty Python: Always look on the bright side of life (Busca siempre el lado positivo de la vida) A veces es difícil, lo sé, pero créeme que está ahí. Puedes tardar meses en darte cuenta de que ese proyecto horrible te ha servido para aprender a cómo tratar con un tipo de cliente, pero lo importante es que de esa experiencia hayas salido más fuerte.

No te dejes disparar por llevar protección

Bueno, lo tenemos todo ¿no? El cliente tiene balas de fogueo, tú un chaleco por si las moscas… ¿Significa eso que podemos dejar que nos dispare? No, la resiliencia y la protección no son una excusa para ponernos delante del cañón, ni deberían serlo. Adaptarse a lo que el cliente dice está bien, pero hay una línea entre lo que el cliente quiere y lo que necesita que, como profesionales, no deberíamos de olvidar.

Si tu cliente tiene metida entre ceja y ceja la tipografía Papirus no le vas a convencer de meter una Helvética pero, como profesional, no debes dejar que la Papirus sea la base del logotipo de su empresa. Usa tus habilidades e intenta que el cliente comprenda que sus gustos no cumplen sus necesidades, así podréis encontrar un término medio entre ambas cosas.

Todo esto que digo puede parecer fácil, pero no lo es. Habrá veces que consigas aplicar tu resiliencia al momento y habrá veces que tardes un año, también habrá clientes y situaciones muy fáciles y otras que te den ganas de buscar el puente más cercano. Tan solo respira, ve hacia delante y, aunque te lleve más o menos tiempo aprende, sobre todo de las peores situaciones.

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