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¿Merecen la pena los cursos de Domestika?

Estoy convencida de que si te interesa el mundo del dibujo, el diseño o la artesanía habrán llegado a ti los cursos de Domestika. Suelen presentarse como anuncios que aparecen en cualquier lugar, mostrando unos cursos online maravillosos, llenos de color y diversión que prometen enseñarte de todo de la forma más didáctica posible.

Después de unos treinta y tantos cursos consumidos me he dado cuenta de que sí, tienen sus virtudes y los disfrutas, pero dependiendo de tu nivel de experiencia pueden llegar a ser una gran pérdida de tiempo y dinero, sobretodo si tus expectativas son muy elevadas.

Cursos de lo que quieras y ¿para todo el mundo?

Si quieres aprender de algo, ese algo está en Domestika, desde diseño web hasta ganchillo de amigurumis. El abanico de temas que abarcan sus cursos es sin duda muy amplio y muchos de ellos se pueden complementar para aprender más sobre un mismo tema. De hecho, la propia web te permite crear tus propios packs de una misma temática; de éste modo puedes elegir dos o tres cursos centrados en acuarela, fotografía o diseño, por ejemplo, y hacerte una pequeña “especialización” en la categoría que hayas elegido.

Todo eso pinta muy bien si eres novato y no tienes mucho conocimiento en una materia, pero si tienes más experiencia lamento decirte que la mayoría de los cursos no te servirán para nada. Todos tienen un nivel muy básico y profundizan muy poco, y no solamente es eso, ya que después de comprar 3 cursos sobre una misma temática me he dado cuenta de una cosa: suelen compartir el contenido de las 2 o 3 primeras unidades, variando al profesor, y de vez en cuando añadiendo pinceladas propias. De hecho te encontrarás muchos cursos con nombres distintos, interesantes y dinámicos, en los que el contenido sobre la técnica o método a explicar es el mismo que en otros, solo cambian la temática del proyecto final y el/la profesor/a. 

En el caso de que quieras iniciarte en algo que no sepas, te recomiendo que elijas un curso que te llame la atención y que el profe tenga buenas críticas, y una vez lo hayas terminado y quieras seguir aprendiendo revisa bien los contenidos, asegurate de que no se repiten y escapa de los que son iguales, te ahorrarás dinero y tiempo.

Lo bueno (y lo malo) del online

Si eres de esas personas que sabe autogestionarse, te pones metas, las cumples y no dejas nada para otro momento, estos cursos son para ti. Una vez los compras los tienes de forma indefinida y los puedes ir haciendo a tu ritmo, donde quieras y sin presiones. En el foro podrás ir subiendo tus ejercicios y comentando dudas, normalmente los profesores están muy activos, aunque me he encontrado casos en los que no dan señales de vida. Aún así, tienes una pequeña comunidad de alumnos a la que puedes pedir opinión y comentar todo lo que necesites.

Ahora bien, si la procrastinación es tu apellido y sueles abandonar las cosas a la mitad, tal vez deberías de pensar bien si te compensa o no adquirir el curso. Hay algunos que puedes hacer en un día, pero hay otros que te llevarán más tiempo, a veces la profesora es súper dinámica y te ves el curso en una tarde, pero otras el profesor es tan pausado y austero que después de la primera lección lo abandonas para siempre.

Para estos casos la sección de opiniones suele ser muy esclarecedora, ya que no solo se opina sobre los contenidos sino también sobre el tutor en sí. Te recomiendo que antes de comprar analices bien tu situación y no te dejes llevar por las gangas. Tengo muchos compañeros de profesión que, aprovechando las ofertas que ofrece la página, han ido acumulando cursos que nunca empiezan ni terminan, bien porque no se organizan o bien por falta de tiempo.

En resumen ¿Son buenos los cursos de Domestika? Sí, sin duda. Si quieres iniciarte en una temática artística en especial yo los recomiendo encarecidamente, pero si tienes experiencia y quieres pulir algunas habilidades, mira bien el curso y que comentarios tiene el profesor, porque puedes invertir dinero y tiempo en algo que no te servirá para nada.

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Cómo (no) matar a un diseñador

Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos asesinado a un diseñador. Sí, incluso yo lo he hecho en el pasado, y sí, suena algo fuerte, pero tranquilos, es muy parecido a un homicidio involuntario: no es algo que planees… aunque termine ocurriendo. A veces es tan fácil como pedir un logotipo “editable en word”, o lo típico de escribir un archivo entero en Comic Sans

Estas situaciones se repiten en el día a día de cualquier trabajador artístico y muchas veces se habla de “educar al cliente” como la solución, explicarle tu proceso de trabajo para que vea cómo es y pueda confiar en ti. Yo creo que eso es solo la mitad del camino, está bien enseñarle al cliente a no disparar con balas del calibre 45, pero nosotros deberíamos de aprender a ponernos una protección, ya que aún con una munición inofensiva, pueden darte en un ojo y dejarte ciego.

El asesinato más común

Aquí se podría hablar de muchas cosas que todos los diseñadores sufrimos, que si la Comic Sans, logotipos y textos absurdamente grandes, paletas de colores sin sentido, Suite Office, horror vacui… todas estas cosas, que parecen muy distintas entre ellas, vienen de un mismo origen: la falta de confianza

El no confiar en el conocimiento del diseñador en su propio ámbito es el arma más común para cometer el homicidio, puedes recelar con su uso de las jerarquías en un cartel, la elección de colores o la tipografía, pero sólo estarías cambiando un arma por otra.

Soy de las personas que opinan que la confianza se gana, por eso cuando voy a adquirir un producto o solicitar un servicio investigo un poco antes sobre el mismo: ¿Esta agencia podrá ayudarme en lo que necesito? ¿Se podrá adaptar este ilustrador a lo que busco? Es tan fácil como preguntar opiniones a conocidos, ver comentarios en internet o curiosear sobre los proyectos realizados anteriormente. Si te haces una idea de cómo trabaja la persona, y te gusta lo que ves, prueba a cederle algo de tu confianza. No solo te lo agradecerá, sino que el trabajo saldrá mejor de lo que piensas.

Resiliencia, nuestro chaleco antibalas 

Ganarse esa fe por parte del cliente está muy bien, ya hemos cambiado su munición por balas de fogueo, pero eso no significa que estemos a salvo. Todo diseñador, ilustrador o cualquiera que trabaje en un ámbito artístico debería desarrollar su resiliencia

La resiliencia es tu chaleco antibalas, la protección anti-kryptonita, la habilidad para superar situaciones adversas con los mejores resultados posibles, es decir, tu capacidad de adaptación.

Seguro que alguna vez te ha pasado algo como esto: un cliente aparece con una idea muy fija, trabajas 15, 20, 30 horas en ese proyecto y a la hora de presentarlo te dice: ”Oye mira, que mi cuñado y yo hemos decidido cambiarlo todo” ¿Qué piensas en ese momento? Pues en matar al cuñado y, obviamente, de la manera más cruel, horripilante y dolorosa posible. Pero después de ese asesinato mental, lo mejor que puedes hacer es recuperarte y reflexionar: Bueno, podré aprovechar esto y esto de lo que ya tengo hecho, ahora conozco mejor al cliente, sé que cambia de opinión con facilidad, así que puedo trabajar con elementos poco cerrados para poder ir adaptándome a lo que se le vaya ocurriendo… etc.

Como dicen los Monty Python: Always look on the bright side of life (Busca siempre el lado positivo de la vida) A veces es difícil, lo sé, pero créeme que está ahí. Puedes tardar meses en darte cuenta de que ese proyecto horrible te ha servido para aprender a cómo tratar con un tipo de cliente, pero lo importante es que de esa experiencia hayas salido más fuerte.

No te dejes disparar por llevar protección

Bueno, lo tenemos todo ¿no? El cliente tiene balas de fogueo, tú un chaleco por si las moscas… ¿Significa eso que podemos dejar que nos dispare? No, la resiliencia y la protección no son una excusa para ponernos delante del cañón, ni deberían serlo. Adaptarse a lo que el cliente dice está bien, pero hay una línea entre lo que el cliente quiere y lo que necesita que, como profesionales, no deberíamos de olvidar.

Si tu cliente tiene metida entre ceja y ceja la tipografía Papirus no le vas a convencer de meter una Helvética pero, como profesional, no debes dejar que la Papirus sea la base del logotipo de su empresa. Usa tus habilidades e intenta que el cliente comprenda que sus gustos no cumplen sus necesidades, así podréis encontrar un término medio entre ambas cosas.

Todo esto que digo puede parecer fácil, pero no lo es. Habrá veces que consigas aplicar tu resiliencia al momento y habrá veces que tardes un año, también habrá clientes y situaciones muy fáciles y otras que te den ganas de buscar el puente más cercano. Tan solo respira, ve hacia delante y, aunque te lleve más o menos tiempo aprende, sobre todo de las peores situaciones.

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Por qué el iPad es la manzana de oro del ilustrador digital

¿Habéis intentado ir al campo a pintar con el ordenador? Ya, ya sé que suena absurdo, sería más fácil coger una libreta y un HB, pero imagínatelo de verdad: coge tu portátil, la tableta digital, los cables y el lápiz stylus… Te lo llevas todo al campo (o a dónde sea) a pintar al “natural”, apoyas el equipo en la hierba, la tableta digital sobre tus piernas y …¿voìla? Como decía, es absurdo. Es en este momento como ilustrador/a digital dónde te das cuenta de una cosa muy importante: tu ordenador es un ancla.

Sería genial que ese equipo fuese como las lentejas de mamá, una cosa rica y nutritiva que puedes poner en un tupper y comértelo donde quieras. Pero me temo que, si quieres emplear la técnica digital allá donde vayas, necesitarás meter una manzana en tu cesta para cuando te entre el hambre. Y sí, cuando digo manzana me refiero al iPad.

Con un teclado pequeño, el iPad, el iPencil y wi-fi puedes tener tu estudio disponible allá donde quieras.

El mejor snack take away

El logo no podría ser una mejor metáfora: una comida ligera, completa y suculenta. En ocasiones algo cara, dependiendo de la variedad, pero sin duda deliciosa; y eso es lo que necesitas como ilustrador/a digital, ya que con un teclado pequeño, el iPad, el iPencil y wi-fi puedes tener tu estudio disponible donde quieras. Entra todo en una mochila pequeña y pesa menos de kilo y medio.
El iPad pone a tu disposición videollamadas, e-mails, calendarios y agendas, así como herramientas de edición de foto, vídeo, trabajo vectorial…. Ya sean aplicaciones gratuitas o de pago, podemos cubrir de forma rápida y sencilla cualquier necesidad que nos surja al trabajar.

el mejor snak take away

El nutriente clave para ti

Los nutrientes son a la manzana lo que las apps son al iPad, esas sustancias clave que hacen que sea tu comida favorita cuando no estás en casa. De todas ellas, el Procreate es la app más suculenta que debería de estar de primera en tu top tier. Te permite hacer de todo por un (muy) módico precio, y cuando digo de todo es de todo: trabajar en .psd, incluso con archivos de gran tamaño y diferentes resoluciones, importar pinceles de Photoshop, ofrece diferentes modos de color e incluye un amplio catálogo de pinceles y texturas. Procreate no se lleva la fama porque sí, su multitud de opciones y herramientas hacen que sea lo mejor que puedes tener en tu iPad.

Siempre se cuela algún gusanito

Es muy raro que una fruta recién cogida del árbol esté podrida, y los gusanos suelen buscar manzanas maduras para anidar, pero nada es imposible. Por eso se podría decir que lo que menos me gusta del iPad es su exclusividad. Es como el veneno que la madrastra de Blancanieves introduce en el fruto, lo hace de un color brillante y tentador, pero un mordisco puede resultar peligroso. Esto se traduce en una palabra: dinero. Es caro de comprar y caro de reparar. La exclusividad tiene sus cosas buenas, es un producto estable y duradero, pero a un alto precio.

Mi experiencia como comensal

¿Recomiendo el iPad a los ilustradores digitales? Sí, sin duda. Es una inversión a la que le vas a dar uso y le sacarás mucha rentabilidad. Uno de los mejores soportes para programas de dibujo, infinidad de apps para creativos, una gran herramienta indispensable como el iPencil y un sistema seguro y estable para trabajar. Es un producto con el que, a pesar de su apariencia, puedes obtener resultados profesionales y de gran calidad, y todo ello mientras trabajas desde la cafetería de la esquina, en la cama o desde la tienda del camping. Si analizas tus necesidades y eliges la variedad de manzana perfecta para tu paladar, tendrás el snack ideal para tu día a día.